Aparte de puto

Publicado el 18 de agosto de 2008 por Martín Gaitán

Cuentan que la humedad cordobesa lo tiene cerca del nocaut, y que el exceso de asados lo va a privar del respeto de su padre vegetariano. Sucio y colesteroso, Tin no se olvida de l@s tában@s y vuelve con un aporte: una entrevista a Xtian, autor de Puto y Aparte.

(...)Entrar en un weblog personal por primera vez es como encontrarse con alguien bajo el sol blanco del mediodía. Estamos todos medios atontados y aburridos, y esta fiesta de principios de milenio está aburridísima. De pronto hacés clic y estás en un nuevo weblog y es como si alguien llegara de repente, mordiera su perro caliente, hiciera una pausa y anunciara: “hablemos de mí que es un tema fascinante”. Y se larga a hablar.

fragmento de un texto de Xtian.

El tipo se llama Christian, y tiene un weblog personal. Bien personal, pienso.

Es que la mayoría de las veces habla de él, de sus historias y, tiene razón, es un tema fascinante. O bueno, lo disimula muy bien. No sé si su vida será interesante para vivirla, pero es bellísima para leerla. El tipo es gay. Y escribe arrolladoramente bonito.

Esta entrevista se la hice por email hace más de un año, y por esas cosas del despelote virtual se fue perdiendo bajo una pila de "Enlarge your penis", o cosas por el estilo. Pero acá está, resucitada, y aún con el mismo tamaño. Que sirva como recuerdo de cuando éramos jóvenes.

— Xtian, para vos, ¿qué significa escribir? ¿Qué te impulsa a hacerlo ?

— Para mí escribir es buscar una verdad. Suena pretencioso, pero lo siento así. Escribir me permite bajar un cambio, ver las cosas en cámara lenta, volver a mirarlas y descubrir algo nuevo acerca de mí o de los demás.

También está, por supuesto, la respuesta del otro. Escribir a veces te permite una comunicación más eficiente que una charla o una caricia. Ojo, no siempre, pero a veces, y un poco por accidente, se abre una banda ancha entre el que escribe y el que lee. Digo por accidente, porque la mayoría de las veces me pasa al revés, que siento que me leen mal, o que los comentarios que recibo no tienen nada que ver con las intenciones que tuve al escribir.

Y por último, creo que uno de los impulsos cruciales es el de dejar constancia de lo que me pasa. Dejar una pequeña marca, aunque sea un grafitti en la pared de un baño. Pero es un grafitti para mí, porque desconfío, sobre todo últimamente, de mi memoria. Cuando releo cosas que escribí hace 6 años me transporto a esa persona que fui y a ese momento. Es como subirte al DeLorean de Volver al futuro, pero funciona sin plutonio y no te persiguen los terroristas libios...

— ¿De qué forma escribir en internet, en un weblog, te influye?

— No lo sé, porque yo empecé escribiendo con algo de seriedad en la internet misma. Al principio mandaba emails, después emails masivos y después empecé con el weblog, que es como un email masivo también. Creo que el hecho de haber escrito siempre para internet creó en mi cabeza un modelo de lector inquieto, siempre a punto de hacer clic en cualquier lado y rajar. Por eso mucho de lo que escribo está escrito en una atmósfera de urgencia, como cuando dejás un mensaje en un contestador y sabés que solo tenés un minuto.

Ojo, urgencia no quiere decir atolondrarse. Hablo de otra cosa, de la voluntad de poner la carne sobre la parrilla y de un compromiso de honestidad (que no es lo mismo que veracidad). No sé si me sale, pero esa es la intención

— En esa búsqueda de la verdad, ¿te animás a meterte en los huecos de la ficción?

— Sí, hay textos míos que está claro que son ficción (cuando el narrador es mujer, por ejemplo).

En cierto sentido, la "verdad" de un texto no tiene que coincidir en un 100% con la "verdad" factual. Creo que cada uno pone sus límites respecto a qué porcentaje del texto debe ser real y qué porcentaje puede ser inventado. Yo por ejemplo cambio los nombres y algunos detalles que me permiten que el relato sea más sólido (comprimirlo temporalmente o espacialmente, quitar personajes y mantener la trama, etc). En general no invento cosas que siento que violentan la historia en sí, por más que le podrían agregar jugo. Es muy difícil explicar dónde pongo el límite, pero te doy un ejemplo: en la historia "Zen en el arte...", yo voy caminando por la calle con un amigo y me cruzo con alguien con el que salí y que yo pateé. Mucha gente me sugirió que la historia ganaría fuerza si mi personaje estuviera todavía enamorado del tipo, pero eso no era así, y sentí que no podía cambiar eso. Podría haber puesto que iba solo por la calle, no con mi amigo, o que el hecho sucedió en un boliche, pero cambiar que yo estaba enamorado cuando no lo estaba, aunque con eso la historia ganara espesor, no.

Igual es una decisión muy personal, me parece lícito también manejarse con la idea de que "la única verdad es el texto" y maximizar la efectividad del texto, liberarlo a su propia dinámica, desatarlo del ancla de lo verídico.

— Me confesaste que casi no leés weblogs, porque la mayoría te resultan aburridos. ¿Ya dejaste de buscar en el mar de las autoconfesiones para públicos cautivos?

— Lo que me pasa con los weblogs es que no veo mucho que me conmueva, que me pegue en algún lado sensible. Hay como un auge de la inteligencia ácida, de la ironía porque sí. También hay weblogs tecnológicos que reciclan cosas de Slashdot o de weblogs yanquis. Yo tenía esperanzas de que los weblogs acercaran nuevas voces, nuevos ámbitos, pero creo que reciclaron cosas que ya estaban en otros lados. Los gags, las ironías, son los de Pergolini o Todo por dos pesos. Las noticias las de Wired. No es que me parezca mal, es que me parece que la atmósfera está muy gélida, y últimamente, desinflada: el fenómeno se masificó, pero no se diversificó. Y no hay competencia, o por lo menos no hay competencia inteligente...

—  El tuyo se diferencia de la mayoría porque está mucho mejor escrito, pero es a la vez muy autoconfesional, y en eso tiene mucho peso tu sexualidad...

— Sí, no lo tengo muy asumido, pero debe ser así. Ojo que no es deliberado. No es que pienso: a ver que tengo para escribir que sea porno... no, nada que ver. Es confesional, pero al mismo tiempo hay cosas que no cuento. El sexo no me parece una zona tan íntima, en realidad... al menos no como les parece a los demás. Mis zonas íntimas están en otros lados. En realidad cuando escribo solo puedo tener una o dos cosas en la cabeza: sólo busco algo que tenga "olor" y escribo, pero ahora que lo miro en perpectiva, me doy cuenta que muchas cosas tienen "olor" a transpiración.

Seré un obseso y no me di cuenta. O quizás el sexo sea metáfora o puente hacia otra cosa. O será que me divierte patear algunos tabúes, pero no creo. ¿Ves? Está claro que no lo tengo resuelto...

— ¿Creés que ser un escritor gay (o un gay que escribe, si te pesa lo de "escritor") y que muchas de tus historias giren en torno a tu sexualidad, funciona como gancho para los lectores? Y en algun punto, ¿no son tus textos confesiones que resultan ficción para la mayoría?

No lo sé eso. Supongo que sí. Igual me parece que si fuera heterosexual y agarrase todos los "José" por "María" la cosa no cambiaría mucho. Creo que quizás al ser gay, estoy fuera del circo romano de la lucha hombre - mujer. O sea, si una mina pone que se cogió a 15, es puta o porn star. Si lo escribe un pibe, es un banana o un grasa. Yo debo ser el puto promiscuo con pretensiones poéticas, pero igual la etiqueta me parece un poquito menos pesada, creo.

De nuevo, no es algo conciente. Cuando escribo no pienso que una mujer casada de 30 años va a leer algo y va a pensar "qué loco". Podría ser más porno, pero no es mi intención. A veces me sorprende que alguna gente me dice "cómo me calentó ese post". El otro día una chica me dijo: "Está bueno porque me caliento con lo que escribís, pero me caliento como hombre". No entendí nada.

Creo que igual el gancho está en otro lado. Creo que quizás el primer gancho sea lo sexual, pero es solo una puerta hacia otra cosa. A mí me pasa eso con el sexo: después de la orgía número 500, el sexo es una peaje hacia otra autopista. Creo que el gancho fundamental de mi texto es que no arrastro al lector hacia adelante, sino que siento al lector al lado mío, y los dos nos metemos juntos en el tren fantasma. Eso trato de hacer, no sé si lo logro o no. Es "elige tu propia aventura", digamos. Les digo "no tengo idea de qué carajo está pasando acá, pero ¿qué tal si nos metemos en este juntos?".

Entrevista realizada a mediados de 2006, y publicada en Efecto Tábano en febrero de 2007.

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