Bolivia

Publicado el 14 de diciembre de 2004 por Martín Gaitán

Aunque muchos duden, estoy bastante firme en mi decisión de no comprar comida de rotiseria (o similares) muy seguido. Hay dos razones principales: ese hábito engorda la panza, y el bolsillo adelgaza proporcionalmente. Está bien, hay buenas ofertas no muy lejos de acá y, si uno busca un poco, hay comidas más sanas; pero una vez allí, oyendo (y oliendo) el crujido de papas crocantes acompañando a gigantes y apetecibles lomitos completos, es imposible - al menos muy dificil - no sucumbir al deseo.

Lo único que hace tambalear la veracidad del párrafo anterior es, sin dudas, El Parripollo Don Tomi, que queda en la esquina de Velez Sardfield y Fructuoso Rivera. Además de muy barato es muy rica la comida.

En verdad es mucho más que un parripollo: es mercado, verduleria, rotiseria, kiosco, restautante -o sea, una mesa donde uno puede comer lo que compra allí mismo- y, por si le faltaba algun rubro, un ciber. Brinda un servicio integral, uno puede, en un solo lugar, hacerse con dos berenjenas, un sanguche de milanga de los poderosos, 100gr de salame, una cajita de preservativos saborizados y un mouse optico. Está piola, mientras esperas el sanguche, podés revisar el correo o leer Orsai.

Sé que no me están creyendo, y los entiendo. Al principio yo también dudé, incluso estando ahi mismo. Más tarde acepté que era un anexo -después de todo, cibers hay por todos lados-, pero creía que tenía su entrada independiente por la otra calle, y fuí a cersiorarme. Me llevé la sorpresa de que no era asi. Para buscar en Google o leer Clarin Online no queda otra que impregnarse de olor a pollo.

Ese lugar, más allá de su inverosímil polirubro, tiene una magia especial. Cada vez que voy me quedo impresionado de ver como trabaja esa gente, a un ritmo incesante de lunes a domingo. Ellos son bolivianos, cualquiera se da cuenta al verlos y oirlos hablar.

El muchacho frente a una impresionante parrilla de no menos de tres metros a veces da una mano con las papas fritas, que como acompañan a cualquier oferta deben hacerse constantemente. La chica que atiende exhausta la caja, además de estar atenta para que el Pelado no la maree con el cambio, debe pesarle a la anciana tres zanahorias y un poco de ensalada de ave que también debe envolver. El señor que sonrie busca nueve empanadas: dos de jamón y queso, tres árabes, dos de carne dulce, una picante y la otra de verduras. Al mismo tiempo, en la cocina, la abuela prepara dos hamburguesas completas, y tiene cuidado de no ponerle mayonesa a una, porque el flaco en chancletas -que se queja del calor del lugar- se lo aclaró explícitamente. Y atrás, en la mesita del patio, una nena juega...a picar perejil.

No muy lejos de ahí está la Vidriería de Juan. Llegué ahi para encuadrar la lámina de Los Beatles que le regalé a Dany para su cumpleaños. Como queria que el cuadro estuviera para ese mismo dia -el sábado-, le propuse al vidriero que yo iria a comprar las grampas y regresaria antes del mediodia. Asi lo hice, y cuando volví ya tenía el cartón y el vidrio listos, pero atendia a otra persona.

—  No se preocupe, lo espero. Atienda nomás. — le dije, mientras observaba como trabajaba.
—  Qué hermoso tu regalo, de veras. Ellos son los Beatles, tu sábes, han sido los más famosos de mi época ¡en el mundo!. — me decia el señor, como transmitiendome una revelación, mientras cortaba 37 x 27 para el estante de la video, según indicó el otro cliente.

—  ¿Qué tiene en el vaso? — pregunté intrigadísimo, porque "mojaba" la punta de diamante antes de cada trazo.
—  Esto es querosén ¿sábes? De esta forma da firmeza al diamante sobre el vidrio.
—  ¿Hace mucho que trabaja en esto?
—  Si... mucho. Yo soy de Bolivia ¿tu sábes? Cuando jóven fui a Buenos Aires en el mismito año que Los Beatles dieron su show allí, pero yo no tuve el dinero para verlos ¿has visto? además las entradas estaban ya agotadas, claro. Luego vine a Córdoba, a estudiar Derecho. Pero había que tener - me hace un gesto de dinero con los dedos — , tú sabes, no se podía ir cómo van ahorita los muchachos con el cabello largo y en deportivas como las que tienes puestas tú, no. El estudiante era un gentleman.

Yo no lo quería interrumpir pero sentia que esperaba algun comentario mio.

—  ¿Y no pudo continuar sus estudios? — dije, dándome cuenta al instante de lo pelotuda que fué mi pregunta.
—  Tuve que abandonar allí, pero en esa época había mucho trabajo, ¿sábes?. Fíjate como ejemplo que comprando un traje te regalaban un terreno. De veras, asi como lo oyes. Yo construí tres casas con este oficio, pero ahora aquí me ves.
—  ¿Y cómo lo aprendió?
— Un compatriota me enseñó y aun no he perdido el pulso ¿Sábes? Ese es el secreto. Nada de beber de lunes a sábado, porque si uno bebe algo de cervecita ya se pierde el pulso ¿Has visto?. Es un trabajo como el de un médico de cirugía ¿Lo has visto? El domingo si deseas, para el descanso, puedes beber algo de cervecita, pero no exceso ¿sábes?

Mientras Juan terminaba de atender al otro señor (creo que también boliviano), elogiaba una vez más el regalo para mi amigo. Su mujer — supongo que sería — asomaba por la puerta impaciente porque el almuerzo ya estaba listo. Yo limpiaba la marca de mis dedos sobre la cara de John, y me alejaba un poco para ver cuán lindo estaba quedando. Paul, me guiñaba el ojo escondido atrás de Ringo y todos ellos de perfil —George primero— esperaban ansiosos salir a la calle bajo mi brazo, para que una vez más, la gente sencilla como Juan se emocione al verlos.

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