¿Cuándo dejamos de soñar con ser un país?

Publicado el 17 de agosto de 2011 por Martín Gaitán

Mi compañero Fran Rosati me dejó este mensaje en Facebook :

Ya que vos me pegaste un link bastante interesante, el cual leí por completo y no comenté nada del mismo por el solo hecho de que no me gusta ponerme a discutir de política (eso ya quedo mas que claro) y menos por este medio te dejo este link para que lo leas, esta bueno, da para recapacitar en algunas cosas, abrazo!

¿Cuándo dejamos de soñar con ser astronautas?, www.lavoz.com.ar, opinión de un lector tras los resultados de las primarias.


Querido Fran:

Ante todo te agradezco la actitud, que lo interpreto como un gesto de apertura al diálogo y un respeto hacia mí que me gustaría que sientas, como intento, retribuido. Sé que sos un buen tipo y la cantidad de amigos que te quieren dan cuenta de eso.

También sé que yo tengo fama, supongo que algo merecida, de escribir rebuscado y mucho, y ser, como algunos piensan, un poco "zurdito". Cualidades estas que no suman porotos para llegar con un mensaje a cualquiera, pero intento siempre mantenerme fiel a lo que pienso sin estar negado a la reflexión y al intercambio de ideas.

Por eso me gusta tu invitación a analizar el artículo y te pido, a cambio que le dediques el esfuerzo de leer mi respuesta.

"¿Qué es lo que sucedió?" se pregunta, pinchándose con un tenedor, el profesor Capdevila, amargadísimo y estupefacto con el resultado de las elecciones primarias. Curioso que esta pregunta no lo lleve a una reflexión de índole más personal: ¿No será que algo de lo que él cree que está sucediendo en el país no es tan así? ¿No será que no está viendo el país mejor que parece ver más de la mitad de los argentinos ? ¿No se le estará pasando algún dato de la economía real, como los muchos que se muestran en ese articulo que me decís que leíste? ¿Sabrá que la economía del país viene creciendo sostenidamente, que las industrias y el campo están a full, que eso implica que hay laburo y que al haber menos pobres hay más consumo, que hace girar toda la rueda de nuevo?

Como punto central al Profesor Capdevila le preocupa la inflación, flagelo marcado a fuego en le memoria colectiva argentina. Con mucho vuelteo retórico se pregunta si será que alucina cuando ve los precios crecer. ¿No se animará a pensar que la gente hace un balance sencillísimo entre lo que gana y lo que salen las cosas y si más o menos le da positivo entonces no le jode tanto? ¿No se habrá preguntado cómo es eso que desde este gobierno los sindicatos participan en lo que se llama "paritarias", que sienta obligatoriamente a empleadores y trabajadores a acordar todos los años el aumento de salario? Yo no digo que la inflación no exista, pero ¿en serio debe trabajar 18 horas sólo para comer? ¿No será ese el tipo de desmesura, de inverosimilitud en la crítica, que hizo que los demás candidatos sacaran tan pocos votos, que ni juntándolos todos le ganan a Cristina? Insisto ¿no estará viendo con unos lentes, de información o ideología, que no le dejan ver bien?

Pasando por alto que ganó hasta en los barrios mas ricos de Buenos Aires y en el campo (incluyendo, dicho sea de paso, Las Varillas, tu pueblo), otrora enemigo acérrimo, el profesor llega al nudo argumental y muestra sus verdaderos dientes: un profundo odio de clase. Ahí está expuesto, en el lugar común, ignorante y cómodo del que, aunque aduzca trabajar 18 horas, tiene tiempo, computadora e internet para escupir denuestos a los que no tenían nada y resulta que ahora tienen algo: esos negros vagos, que "no desean", que "se niegan" a trabajar y arruinan así los sueños de los pibes que quieren ser astronautas. Menuda declaración de principios tilingos: al haitiano sucio ni el plato de arroz, al francés perfumado todo, por merecimiento epidérmico.

Y es que no sólo es egoísta y berrata ese análisis, sino falaz, por muchas razones. Ahí van sólo algunas: como consecuencia indirecta de la AUH la matrícula escolar aumentó significativamente; los pibes acceden a una computadora, herramienta fundacional de esta nueva era; hay inversión récord, tabulada por ley como porcentaje del PBI, y becas en la educación superior. Todos escalones que antes, que siempre, cada uno debió resolver como pudo y el que se tropezó se embromó y ahora hay un Estado, con un pueblo, que acompaña.

Pero hay más: no lo dice, pero es altamente probable, que el Profesor pueda ser tal (algo raro se intuye de la gente que usa su título como nombre de pila, ¿verdad?) por haber estudiado en la universidad pública. La misma universidad que a mi me dio y a vos te dará tu título de ingeniero en breve. Esa universidad la pagan también, quizás sin saberlo, los negros de mierda, los que nunca en su puta vida la han pisado. Cuando compran pan o el detergente con el que te limpian el parabrisas de tu auto en el semáforo, te están pagando tu estudio. ¿Cuántas horas de negro limpia vidrios habrá salido formarlo al profesor?

Sé que es poco o nada lo que pueda decir para hacerte cambiar de parecer, Fran, si es que de verdad te identifica esa carta de lectores, porque entonces se trata no de de una interpretación de la realidad sino de una concepción profundamente ideológica.

Todo lo que allí se menciona como génesis de un país destinado al fracaso son las razones que yo defiendo y quiero que se profundicen: que se reparta más la torta con progesividad y equidad — esto es, Fran, que de más el que más tiene —, que haya más y mejor educación y salud pública, que haya más y mejores derechos civiles, más trabajo, más industria nacional, más justicia, más derechos humanos, más ciencia, más opiniones y voces en los medios, más obra pública, más independencia financiera, mas hermandad con los países de la región. Que haya más Estado.

Es mi idea de país, donde tiramos juntos para el mismo lado y no cada uno para el que cree que le toca, para el cual hace falta un Estado fuerte y un gobierno con capacidad de tocar intereses y marcar un rumbo.

Puede no gustarte como al profe Capdevila, pero es claro que hay uno, exitoso en términos fácticos y apoyado por más de la mitad del pueblo, mezcla de haitiano y francés, bien argentino. Deberás preguntarte entonces, "¿Qué es lo que sucedió... que yo no estoy viendo?"

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