El Hugo

Publicado el 20 de noviembre de 2004 por Martín Gaitán
El cine, esa cinta de sueños
Orson Welles Sobre el Boulevard San Juan, cerquita del "Patiolmos" (el Shopping Patio Olmos) se encuentra un edificio antiguo con puertas altísimas de madera tallada y rampas para ingresar. Arriba, en un añejo bronce dice "Asociacione Italiana. In unione e libertá", pero a los costados caen dos carteles vinílicos grandes que aclaran la verdad de la milanesa: Cine Club Municipal Hugo del Carril.

Cuando vine por primera vez a Córdoba, en julio, encontré por casualidad ese lugar. Unas fotocopias bajo una vitrina anunciaban las tres fuciones del día. Miré el reloj, eran las 6 de la tarde y estaba justo a tiempo para ver El Milagro de P. Tinto, la última proyección de una comedia que pasaban dentro de un ciclo de cine español. La película me gustó, me hizo reir mucho; pero del Cine Club me enamoré.

Fué un amor a primer película, podría decirse. Entré, pagué mi entrada de $1.5 y crucé por vez primera la "sala de los espejos", que es el vestíbulo que precede a la sala mayor y donde en más de una oportunidad me he perdido. No sólo por decoración están esos espejos: hay dos escenas memorables en la historia del cine; (1º) La secuencia final de La dama de Shanghai del genial Orson Welles transcurre en una sala de espejos, y es un ejemplo magnífico de la maestría de este director (escritor y actor) para jugar con la profundidad, la luz y los efectos visuales y (2º) la ultima pelea en Operación Dragón, esa en la que Bruce Lee está todo rasguñado, es también en una sala de paredes espejadas.

Ayer, por fin, me inscribí en la Asociación de Amigos del Cine Club Municipal. La membresía básica es de 5 pesos, y eso, además de hacerme sentir que estoy contribuyendo a un gran espacio cultural, me brinda varios beneficios: la entrada a todas las funciones de las 15:30hs me sale 15 centavos, tengo descuentos en todos las conferencias y charlas que se den, acceso a la biblioteca/mediateca donde puedo consultar revistas y libros, y llevar todas las pelis que quiera en VHS (una por vez, pero gratis!) . Además me mandan la revista Metrópolis, que es la que editan cada dos meses y está realmente buena.

En el hall de entrada hay un barcito donde casi siempre hay gente charlando. Ahí me encontré con Ana y Lucía, dos hermanas que también forman parte de la invasión neuquina en Córdoba. Estuve charlando un ratito con ellas cuando salimos de ver "Perdidos en Tokio", muy recomandable opera prima de Sofia Coppola (también, con ese apellido, hacer buen cine lo lleva en la sangre).

Estoy trabajando en mejorar y quitarle el regionalismo a mi sitio de intercambio de cds . Cuando lo termine llevaré la idea consumada al Hugo, para ver que repercusión tiene e intentar que me ayuden en la difusión.

Ya hice mi listita de pelis que no he visto, e iré pidiendo en Los 39 escalones (asi se llama la mediateca). Blade Runner y Brazil, para aprender por fin lo que es la ciencia ficción; Mundo Grúa, El Fondo del Mar y Felicidades, porque son algunas argentinas que se me pasaron; Recursos Humanos, Delicatessen y Asesinos, porque aguante el cine francés; Estación Central y La Virgen de los Sicarios, porque Latinoamerica arde. Y eso que sólo miré el catálogo por arriba.

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