El abrazo caracol

Publicado el 27 de agosto de 2008 por Martín Gaitán

Para darse un abrazo caracol hace falta, antes que cualquier otra cosa, muchas ganas de abrazarse; tantas ganas, que son necesarias muchas personas. Las personas y sus ganas se toman de las manos formando una ronda tan grande como los brazos permitan sin soltarse, preferentemente riéndose y con circularidad algo imperfecta. Cuando la ronda está lista y la risa lo invadió todo, alguien suelta una mano y a la voz de ¡abrazo caracol! comienza a girar por la parte interna de la ronda sin soltar la mano que aun lo une al grupo, iniciando un espiral que se cierra hacia el centro, y segurirá cerrandosé hasta que no se pueda girar más. En ese abrazo colectivo, somos un solo ser enredado en cariño.

Nacho se fue de viaje, y en su despedida nos dejó un abrazo caracol. Fué vertiginosa su decisión. Con valentía, audacia y unos sueños así grandotes, mirá. Lleva suficiente alegría consigo para que todo le salga bien.

Se sumó a la agrupación, como suele suceder, invitado por otro cumpa y motivado por las ganas propias de hacer con otros. La energía que ese pibe regalaba cada sábado era increíble, con una entrega y una pasión que semana a semana se hacía tangible y reconocida.

— ¡Cara de Papa! ¡Maestro Splinter! — sonaban durante la tarde los múltiples apodos con los que Nachito fue bautizado.

Una vez le pregunté mientras volvíamos en el colectivo, exhaustos y felices porque la actividad nos había salido bien, qué significaba para él hacer lo que hacía, qué lo había conectado tanto en tan poco tiempo.

Con la emoción en los ojos cansados, entre la sonrisa y los pelos disparatados que suele llevar en la cara, me dijo que todo era bastante simple: había encontrado un lugarcito donde se sentía feliz.

Tengo la sospecha que a las personas como Nachito le pasan esas cosas: dan tanto, pero tanto, tanto... que se olvidan de guardar un poquito sí mismo y de aprender a recibir.

El próximo domingo habrá fiestón en el barrio. Festejaremos el día de los niños y las niñas, en el marco de las Segundas Jornadas Populares y Comunitarias que organizamos junto con muchos grupos y organizaciones compañeras. Las primeras jornadas fueron hace poquito, menos de un mes, cuando Nachito todavía no había decidido su viaje, pero sí lo imaginaba porque eso lo hizo desde siempre.

Aquel domingo reímos, bailamos, malabareamos, hicimos pulseritas y relatamos la semifinal del campeonato de fútbol juntos, incluyendo la definición por penales que no alcanzabamos a ver porque el público nos tapaba la visual formando un triángulo entre los palos y el punto penal.

Este domingo no habrá relato a duo, pero Nachito andará por ahí, cosechando lo que supo sembrar. Sólo se soltó una mano. Con la otra nos lleva bien fuerte a dar algunas vueltas. Será el abrazo caracol más grande del mundo.

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