En tiempo real

Publicado el 6 de noviembre de 2004 por Martín Gaitán

Esto es un "reality post", escribo mientras la acción aún goza de esplendor. Son casi las siete de la mañana, y en este solemne acto prometo respetar la espontaneidad del "como salga". Sé que voy en contramano al consejo del gran Horacio Quiroga en su decálogo: No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas . Qué me importa, saber es morir, dice una canción de la Opereta Criolla de Alejandro Dolina,

Mientras escribo Dany entona Negra Murguera, el sol aparece por la ventana de nuestro living y somos seis personas tomando lo que queda de cerveza. No, somos siete personas, Nico estaba en la cocina.

Describiendo: la rubia Ana abrazada a Carlitos el que no "(inserte verbo aqui)" ni deja "(inserte el mismo verbo aqui)"; una guitarra sonando con la púa que alguna vez fue de Oski, de Bersuit; la morocha ordena un monton de apuntes con acordes y letras que insisten en desparramarse por el piso; Nico, recien llegado, de la cocina prende un pucho que sostiene con los dedos tatuados de un amor que ya murió (esos anillos de matrimonio de la nueva era, que no salen con jabón ni se empeñan en tiempos de hambruna) , y yo, el bicho raro que no canta y escribe mirandolos de vez en cuando para encontrar un detalle.

Ahora suena "Vos sabés" y los labios de Carlos ya acarician el pómulo de la rubia con las mejores tetas de la noche. Fué una noche divertida, y no sé si este será el post en el que se enteraran de todo lo que sucedió, porque es muy probable que ya me haya olvidado de mucho. ¿Conocidas? Melanie y Xime. Los demás invitados eran compañeros y compañeras de Dany, las vecinitas del septimo, Nico (mi alter ego en Córdoba respecto a la amistad con Dany mientras esta ciudad no me tenia en sus planes) , y otras invitadas de Andre.

Picadita de entrada, que felicidad. Pizzas y bebidas por telefono. Llega el chico del delivery, y hacemos la vaquita; que top. Fué una noche divertida ¿les conté? Asumo toda la responsabilidad de estas palabras en tiempo real, y se que la proxima vez que me siente a contarles algo la vergüenza me invadirá por completo, no sólo por desvirtuar de esta forma este "diario intimo, pero sin lo de intimo" (como suelo describir este sitio a los amigos) , sino porque la morocha esta sentada en el piso a un metro mio, sola y aburrida, y yo sigo escribiendo con la misma intensidad que tendria si de estas palabras dependiera la vida de alguien que ame.

"Estas concentrado en el teclado, eh ¿que mierda estás haciendo?", me dice Ramiro, y yo solo le sonrio. Ahora me acuerdo de que hace un rato estuve bailando en la cocina, y charlé un rato largo con virginia y Sofia que son las chicas del septimo que El Engañador invitó en el ascensor. Son de La Pampa, y me cayeron más que bien. También hablé con Mela, hace mucho que no lo haciamos, y claro que no fue lo mismo que si hubiese sido en otro contexto, pero fue lindo. La morocha, que se llama María del Jesús y es más alta que yo (no es tan dificil, despues de todo), también tuvo el honor de mi plática. Me contó de que ella está con su novio porque lo respeta, pero que no lo ama. Lo hizo a propósito, claro.

Malagueña (la nueva habitante de nuestro depto, un potus) me mira desde su maceta de plástico con lástima, y me avisa que hace dos dias que no la riego. Yo le hago caso en todo lo que me dice, y le acabo de prometer que mañana sin falta.

Saco una foto a la ciudad amaneciendo, y otra a los que siguen de fiesta y luego continuo escribiendo, ¿eso es necesidad de congelar este momento, o absoluta cobardía? El sol de las siete de la mañana ya me golpea en los ojos y casi no puedo ver el monitor, suenan Los Piojos en la guitarra y la voz de uno que canta bastante bien, y algunos ya duermen soñando enredarse, en vez de enredarse.

El sol está imponente, hacen falta cortinas. Nico acaba de bajar la persiana y entoces reacciono que mi cara se estaba quemando. Se nota que va a ser un dia precioso, pero lamentablemente en un rato mi cuerpo no resistirá más y caerá redondo en la cama, y lo peor, la morocha no va estar ahí, porque yo seguiré escribiendo en mi sueño.

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