La ciruela mágica

Publicado el 26 de enero de 2010 por Martín Gaitán

Formar parte del Club de Estreñidos Crónicos (el C.E.C.) cambió la vida de muchos. Se reunen casi siempre en la casa del Doctor Zuvinter y en algunas oportunidades en la casa de Doña Mercedes Ruiz de Oviedo. Es un grupo unido, apretado como dicen ellos; un grupo con mucha fuerza.

Por estatuto, el Club no hace diferencias de edad, clase social, sexo o religión. Basta con tener el ceño fruncido, suficiente mal genio y, sobre todo, cagar poquito y casi nunca. En las reuniones participan estresados hombres de negocios, viudas adineradas, celebridades del espectáculo, modelos top, obreros de la construcción y adolescentes frustradas por no ser anoréxicas.

Domingo tras domingo llegan a la cita nuevos integrantes; tantos que a veces se quedan atascados en la puerta. Generalmente han sido invitados por la "Brigada Salvado" en todas las dietéticas y consultorios homeópatas de la ciudad, aunque también están los que llegan por motus propia, tipo scooter.

Reunidos todos con puntualidad, la ronda de jugo de naranja comienza en un sentido y la de leche tibia en el otro. Si bien no es oficial, hay una puja secreta por obtener el lugar donde las rondas se cruzan porque, se cree, tiene un efecto liberador. A ese asiento le llaman "el trono".

Generalmente es alguno de los miembros históricos, como el Ingeniero Cacaci, quien inicia el uso de la palabra.

— El proyecto está casi concluido — informó en cierta oportunidad a sus compañeros, desplegando sobre la mesa los planos del almohodón para inodoro que estaba desarrollando. El ingeniero, como muchos otros miembros del club, pasa largas horas en el baño, más por necesidad espiritual que fisiológica, intentando lo imposible. Fue una de esas tardes, ya sin circulación en las piernas, cuando la idea del almohadón se le ocurrió.

La abogada Ana Re, muy expeditiva, también informó ese domingo que se había presentado el proyecto de ley para que todas las etiquetas de productos de tocador como champúes, cremas o lubricantes dediquen su etiqueta posterior a obras literarias, noticias de interés general y cuentos verdes. El considerando del proyecto argumenta que los estreñidos ya estan hartos de leer sobre los componentes naturales para un pelo sedoso.

Al finalizar la reunión, el grupo interpreta una proclama, un ritual que interpela a intentarlo siempre, a no sucumbir:

— ¿¡Qué es lo que queremos!? — grita un integrante, con practicado estilo de porrista norteaméricana.
— ¡Hacer! — responden todos al unísono
— ¡Club de Estreñidos Crónicos, Hagan! — comanda el primero, y luego todos abrazados salen cantando
— ¡C.E.C. hagan! ¡C.E.C. hagan! ¡C.E.C. hagan!

Como en todo grupo, a pesar de la unión, en el club hay distintas líneas políticas. Una es la de Los Resignados, de la que forman parte tanto el ingeniero como la abogada, algunos jugadores de River Plate y Mirtha Legrand, entre otros. Esta facción pugna por alivinar lo mayor posible el flagelo de los integrantes del club sin profundizar en la génesis de este. Sospechan, con bastante tino, que lo profundo es áspero y duro.

Los Resignados son mas bien autoasistencialistas: recaudan fondos para mejorar el confort de los baños de sus casas, comparten recetas ricas en fibras, o (en el plano psicológico) exageran supuestas ventajas de su condición como la higiene, el recatamiento, la longevidad y la productividad.

De una de sus investigaciones tenemos el dato de que un hombre normal dispone de alrededor de 20 minutos diarios para defecar. Un rudimentario cálculo estadístico permite arribar a la cantidad de 120 horas anuales, es decir que en poco más de 65 años uno se pasa un año cagando. "Es mucho tiempo que podemos aprovechar para perfeccionar nuestro arte", sostenian Los Resignados, refiriendosé a hacer dibujitos sobre papel higiénico con lápices 4H.

La otra línea, no menos resignada pero más disconforme, es la de Los Envidiosos. Estos hombres y mujeres neutralizan sus frutradas heces con grandes dósis de malicia. Quieren poder, y como no pueden en verbo lo quieren en sustantivo: pretenden, en un futuro cercano, fruncir el ceño de toda la humanidad. Así practican desde las supersticiones mas simples, como "hacerle gancho" a los perros mientras expulsan excrementos en la vía pública, hasta algunas más complejas como "hacerle gancho" a los dueños de esos perros, mientras festejan cómo su "pupi pupi" deja un terrible sorete en plena plaza.

Los Envidiosos se autodefinen como un grupo de acción. Si ellos no pueden, nadie debería poder y para eso organizan pequeños atentados a los sistemas cloacales de la ciudad, estallaban bombitas de olor en los baños públicos de la terminal, y regalan grandes cantidades de comida chatarra en las plazas y centros de jubilados. Hasta han obtenido una habilitación bromatológica y el auspicio de McDonald, cuyo gerente general es afiliado al Club y simpatizante de esta facción.

El pasado lunes, en un importante hotel de la ciudad, el Club de Esteñidos presentó su libro "Nuestro mundo es una ciruela", que según afirman será una revolución editorial. "Hemos creado un nuevo género totalmente transversal, y no tenemos nada que ver con el gobierno", afirmaron, guiñando un ojo, los representantes de la públicación. Luego explicaron que el libro, de 1591 páginas, es un compendio de autodefinidos, una "guía de autoayuda para un enema satisfactorio", un diccionario mandarín-árabe, una selección de aforismos de José Narosky, un catálogo completo de artefactos para baños y más de 100 recetas con hígos y legúmbres.

Cuando un periodista consultó sobre el motivo de las 50 páginas en blanco del capítulo 3, los panelistas respondieron que el papel con el que está confeccionado el libro contiene más fibras que 4 kilos de cereales seleccionados y su ingesta resulta más efectiva en un día que las dos semanas del Desafío Activia.

El texto que da nombre al libro es un conmovedor cuento que versa sobre las aventuras de un grupo de amigos en búsqueda de una ciruela mágica, escondida en algun recóndito lugar del mundo. Una ciruela mágica, que con sólo saborear un bocado evacuará las penas de todos. Entre otras cosas.

Texto publicado originalmente el 19 de septiembre de 2006 con esta introducción:

El viernes pasado, un par de días después de la resurreción de este blog, recibi un email de mi amiga Sandrina a quien todavía no conozco personalmente. Fue ella la primera en hacerme saber que se alegraba que volviera a escribir, después fue mi papá y hace un rato fui yo. Pues gracias a todos, ya valió la pena.

Entre otras cosas, en ese email Sandra me propuso participar de un incipiente blog colectivo que sólo pudo pergeñar una mente marabichosa como la de ella. "Nuestro mundo es una ciruela" se llama este blog-consigna, y deja abierta la puerta para que cada uno salga por la ventana que quiera. A mi me salió este texto, inspirado en algunas experiencias que (obviamente) le sucedieron a un amigo mio.

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