La clase de manejo

Publicado el 23 de agosto de 2005 por Martín Gaitán

Fui a la terminal a buscar una encomienda y como el paquete era grande tomé un taxi para volver. Le dije la dirección, y arrancó.

— ¿Vos no sos de acá, cierto?
— No, soy de Neuquén.
— Sí, se nota, me di cuenta apenas subiste — me dice con la mirada clavada en el retrovisor, y sosteniendo el volante con una sola mano — la otra vez llevé a uno que era del sur también. De Bahía Blanca era el guaso.
— Mirá vos — respondo, algo desorientado por su relación geográfica.
— Uh, me acuerdo que el guaso sube y me dice "llevame a tal lado rápido" porque parece que estaba apurado el loco. Já, a mi juego me llamaron. Al rato me dice "loco, podés ir un poco más despacio, porque quiero llegar, viste?". Yo creo que él veía los autos más cerca de lo que yo les pasaba, porque tenía unos culos de botella así, mirá.

El taxista me hace el gesto con la mano que llevaba sobre la ventanilla, y gira todo su cuerpo, cabeza incluída, para cersiorarse de que entiendo que los lentes eran gruesos. Mientras tanto, con la otra mano esquiva a otro taxi que carga pasajeros en la mitad de la calle.

— ¿Doblo por San Lorenzo? — pregunta mientras ya dobla por San Lorenzo y me mira de nuevo.
— Si, está bien.

Hay silencio durante unos segundos, pero veo por el retrovisor que él quiere seguir hablando. Yo no tengo muchas ganas de hablar, pero pienso que más tarde tendré ganas de escribir. Entonces pregunto:

— ¿Es complicado manejar acá en Córdoba?
— ¡No! ¿Vos sabés manejar? ¿Querés manejar? En serio, tomá, manejá, yo estoy repodrido de manejar — me dicé mirándome nuevamente y soltando el volante, a la vez que frena un poco.
— No, está bien. Sé manejar, pero no. Mirá si pasa algo.
— Qué va a pasar si acá son todos unos giles — se ríe — Con lo único que tenés que tener cuidado es con los taxis y con los colectivos porque a ninguno le calienta si raya el coche, porque no son suyos los coches ¿entendés?. Por ejemplo este que va acá adelante, por ahí te para de golpe sin baliza ni nada y te lo comés de atrás. Y tampoco le vayás a tocar bocina, porque son capáz de bajarse con un fierro y agarrete el capó negro. Las demás normas de tránsito son las de todos lados, o sea las que vos quieras.
— ¿Son bravos los tacheros? — digo, un poco socarronamente
— Y si papá, acá porque es re facha, está lleno de estudiantes y de minitas, pero mandate para los barrios. Hay que tener para meterse para allá.

Dobla cerrado por Independecia y acelera para pasar en amarrillo el último semáforo. Llegamos a destino, me da una moneda de vuelto y me insiste:

— ¿En serio no querés manejar?

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