La habitación

Publicado el 8 de julio de 2005 por Martín Gaitán

Entre muchos tachones y una caligrafía que a fuerza de teclado está cada vez más horrible, sobreviven los últimos textos que hice para el taller de escritura.

Antes de que pierda el cuaderno o, más probable, el coraje de mostrarlos, voy a ir publicando acá algunos de ellos, acompañados de la consigna que los parió (por cesárea).

La mayoría de estos textos fueron escritos en clase, un martes a la tarde entre marcianos, de un tirón y en el poco tiempo que queda entre chupar mate, comer torta, y participar de la ronda de chistes verdes que suele haber.

Acá va el primero.

Texto breve de observación-descripción. Describir un ambiente: la puerta, el piso, el techo, las paredes. Hay un solo mueble. La narración debe ser en primera persona y dirigida a alguien en particular.

La habitación

La puerta era gigante, pero no tanto como nos parecía cuando eramos niños. La madera resquebrajada, el bronce ennegrecido y las telarañas en el ángulo del marco eran indicio de que muchos años han pasado y que nosotros también estamos viejos.

Nos costó pero la abrimos. Hubo que palanquear porque no sé a quien se le ocurrió tapiar la habitación por adentro.

Apenas entramos tu hermano empezó a llorar y yo, bueno, yo también me emocioné mucho. En ese momento me di cuenta todo lo que él pertenecia a ese lugar o, mejor dicho, todo lo que se pertenecían. Sus lágrimas daban justo en el charquito de lluvia que se había formado en un desnivel del piso, aunque el techo, húmedo y enmohecido, no parecía tener agujeros.

Mientras yo intentaba destrabar la ventana para que entre algo de luz, él se acercó al escritorio. Cuantas veces habremos visto a tu viejo sentado allí, rodeado de esa interminable biblioteca de la que hoy sólo quedan huellas en la pared descascarada.

Tu hermano me dió esta carta para vos, es de tu viejo. Estaba en el segundo cajón.

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