Lo triste de no creer

Publicado el 11 de diciembre de 2006 por Martín Gaitán

Ayer se murió Pinochet. El asesino de miles de chilenos y de un gran sueño, se murió de viejo, irónicamente el día de los derechos humanos. Aunque confunda, (tiene razón Pablo) es una mala noticia.

Escribe Feinmman

[..]No sirve para nada que se muera. Que estos tipos se mueran cuando ya mataron a todos los que querían matar es un pobre consuelo. Ni un cáncer vale desearle. Nadie va a revivir por eso. Nadie va a sufrir menos de lo que sufrió [...] Fue la suma de las peores cosas que un ser humano puede ofrecer: lo de asesino lo sabemos, pero fue, además, ladrón, mentiroso, cínico, se rió de sus adversarios y de sus muertos. Descansará en paz porque morirse es eso.

El sufrimiento del torturador es la falacia de justicia. Incluso la cárcel lo hubiese sido. Es el deseo instintivo, la venganza impulsiva que nos pare un instante el inmenso dolor que causó. Ni siquiera tuvimos eso. Para algunos, afortunados, hay una justicia divina. Ellos piensan que luego de la muerte hay un juicio y los villanos, los traidores, las basuras humanas como Augusto Pinochet, sufren bajo tierra por todo lo que hicieron sobre ella. Para los demás, es lo triste de no creer.

Creo sin embargo, que nos queda una oportunidad: hacer justicia con la memoria. Seguir nuestra lucha, no bajar jamás los brazos. Que los niños de nuestros pueblos y sus hijos, y no bajen nunca los brazos.

[...] que no tenga paz su memoria. Que nadie olvide sus crímenes. La era de horror que inauguró. Que en las escuelas argentinas se sepa que Pinochet es parte de nuestra historia, porque prefiguró nuestra pesadilla, porque inspiró a nuestros verdugos. Que gane la verdad por sobre la mentira con que sus adeptos buscan protegerlo.

Allá en Neuquén, en la ENET 1, la escuela técnica más grande de la patagonia, un grupo de imberbes reorganizamos el Centro de Estudiantes. Una de las primeras cosas que hicimos fue una revista, la "Nueva Generación". Teníamos 14 o 16 años, y mucho coraje. En uno de los primeros números, la contratapa mostraba una foto de José Luis Cabezas y una sóla frase: La impunidad da miedo, pero el miedo no debe hacernos callar. Que así sea.

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