Poco cambio

Publicado el 15 de agosto de 2005 por Martín Gaitán

Hubo un dia que fue comun a todos, pero muy especial para Juan González, el contador. Fue el dia que le llegó por correo la caja que cambiaría su vida. Dos semanas antes, en su oficina donde todo goza de aburrida perfección, recibió un llamado.

— Contador, llaman de una empresa de electrodomésticos y sólo desean hablar con usted.— avisó por el interno la secretaria, fingiendo ese respecto que no le tenía.
— Está bien, pasemeló — aceptó González, algo molesto.
— Si... ¿señor González?
— Contador González, ¿en puedo ayudarlo?
— Soy representante de Lunatic Systems y queremos ofrecerle sin cargo ser betatester de un nuevo producto que lanzaremos al mercado, y creemos que sería ideal para personas como usted... ─ Disculpe, estoy ocupado. ─ Lo comprendo, y por eso el Telendro V1 es ideal para usted. Déjeme contarle y se lo enviaremos a su domicilio sin cargo.

El entrenado televendedor logró convencerlo y González aceptó probar durante algunas semanas el casco (o algo así) que, según prometían, cambiaría su vida.

Aquel dia, uno más tarde de la fecha esperada, la caja con el Telendro estaba en sus manos. Presuroso la abrio y no pudo contener su genio: lo primero que hizo, incluso antes que mirar el aparato, fue leer el manual.

La forma de uso parecía sencilla, sólo debía colocar el casco sobre la cabeza mojada. González se detuvo en el apartado del manual que explicaba, no con demasiada precisión, cómo funcionaba el Telendro. Decía que una fina capa de Luniendro, un material sintetizado con minerales de la superficie lunar, reaccionaba químicamente con el cuero cabelludo y producía la estimulación del hemisferio menos desarrollado del cerebro.

A Gonzáles le pareció absurdo y rió. Hacía mucho que no reía, tanto que ni siquiera recordaba cuando. Su vida era una tristeza y necesitaba un cambio. No tenía más que esperanzas en que, de la luna o no, ese aparato funcionara.

Se duchó y con su canoso pelo aun húmedo se echó en la cama y se colocó el casco. Quince minutos más tarde se convirtió en un lachorito, un insecto que suele encontrarse comiendo archivos en oficinas de AFIP.

blog comments powered by Disqus