Unos diítas después de la filantropía

Publicado el 15 de febrero de 2006 por Martín Gaitán

Martín, sobre el dibujito favorito, supongo que era Frutillitas, no sé si la conocés, pero era una cabezona, flaca, con cara, perfume y color del pelo, frutilla. Si la ves por ahí algún día decíle que venga a visitarme porque yo no me acuerdo de ella, sólo sé que me gustaba, pero no cómo era ni qué decía. Y esas cosas a una la marcan, son como un ejemplo de vida, una especie deeeeeeeeee… ¿que hubiera dicho Frutillitas del uno a uno?Ahora sólo tengo la nostalgia, y el recuerdo de su nombre, más tarde la pesadilla de despertar a la noche con la duda de si ¿era feminista? ¿o yo estoy yendo por el mal camino?

Y también ya te he contado que me gustaban las películas, las de Reyes y Princesas son las que más tengo en la memoria, hadas, fantasía, mitología. Entonces conocí los unicornios, me gustaban demasiado.

En aquel tiempo yo deseaba las cosas en secreto, todavía lo hago ¿será para que nadie me copie? La cosa es que quería tener uno y lo imaginaba o lo representaba en mi mente de un azul celeste HERMOSO. Yo no sé lo había dicho a nadie, tenía 6 o 7 años y estábamos yendo para un terreno que luego sería casa de campo. Mi papá se bajó el auto a la mitad del camino, seguramente para comprarle cigarrillos a mí mamá, (¿me quedé realmente sola con ella o mi hermana nos hizo el favor de irse gateando un rato?). Entonces me dijo con una sonrisa:

— ¿Sabés que voy a tener en el terreno cuando esté hecha la casa?
— No, ¿qué? — le dije yo.
— Un unicornio

Fue de las ideas que por sí solas sirven para volar en la tierra del nunca jamás, una idea feliz. Se te llena de agua el pecho y hay un pescadito adentro que nada, te hace cosquillas y quiere salir. El agua sube, te quema los cachetes en rojo, te brota en azul de los ojos y termina en la boca, con gusto a beso. La sensación más linda del mundo. Ya veía a mi unicornio conmigo.

Pero las madres saben ver esas cosas en los ojos, lástima que no sé dio cuenta antes de abrir la boca, yo creo que se asusto mucho al ver el tamaño o el tono de mi ilusión (¿en qué se mide eso Martín?) y rápido me dijo en tono suave:

— Aiti, pero si los unicornios no existen.

Yo no le quería creer, pero era inevitable. El pescadito se ahogaba en el agua y se moría. Y el gusto a beso, era gusto a hoja seca. Se me había acabado el verano.

Y así más o menos son todos mis recuerdos, los momentos más felices con los momentos más tristes, casados hasta que la muerte los separe. Mi problema es que se me acaban los veranos todos los veranos y en algunas primaveras también, pero nunca empiezan. ¿por qué pasa eso Martín, me lo explicás?

Me gustaba Chatrán, como ya sabés, y Cupído Motorizado. Veía siempre las películas de Disney de los domingos. Alf ¿Vamos a Melmac algún día? El hombre araña, he man (me encantaban los dos) y los no sé qué intergalácticos, ¿así era? Te canto la canción: “son de aceeero, yyy de plaata…” y al final le hacían preguntas al niño de cobre y yo las contestaba todas (medio mal, pero las contestaba).

Hoy sí ha hecho mi papá la fiesta de su cumple, hace un rato se han ido todos. Y para terminar el arrorró un último comentario que no puedo dejar de comentar. A 89 páginas del “campamento, plenario, cena de presentación… multiusos del ABM” y a 98 días de las historias de los cronopios la Filantropía nos ha encontrado, que si no hubiera sido por ella todavía seguís siendo mi primo y en vez de escuchar a Cortazar yo estaría quemándome con hielo de tanto poner el primer capítulo de Cien Años de Soledad, uuuuuuna y oooootra vez, leído por García Márquez… pero en vinilo. Así que, como en algún momento quise decirte, pero no me animé “Gracias por el fuego”….

[email recibido el 01/07/05]

blog comments powered by Disqus